Mermelada y sal
Tengo un tarro vacío de mermelada. Es grande, de cristal, y le he arrancado la etiqueta para que no quede rastro de lo que fue. Tengo también una ventana pequeña, orientada hacia el mar. Desde aquí me llega la corriente, la humedad, y la sal. El sol se esconde entre las nubes, que se empiezan a deshacer. Luego oscurece. Y algo se queda atorado entre mis dientes, impidiéndome masticar. El instante se disuelve a través de las arrugas de mis labios. Me los acabo de humedecer. Pero la noche llega. Y el sueño me vence sin que haya decidido irme a dormir. Sin embargo, sigo aquí.
Tengo un tarro vacío de mermelada que no quiero compartir. Vacío, porque pretendo llevarlo a naufragar. Lo cierro despacio, y lo coloco en el alféizar para que refleje al sol. Mañana no será lo mismo. Pasado mañana, tampoco. Cada vez que mire hacia la ventana, el mar habrá retrocedido un poco más. Mis manos se llenarán de arrugas. Mis párpados pronto caerán. Como mi boca, o las marcas debajo del puente de mi nariz.
Tengo un tarro vacío de mermelada que todavía mantiene su olor a sal.



Precioso 🤍☺️
Que bello texto!